Primera Parte
Los niños suelen ser ignorados por muchas cosas que suelen
decir, por el simple hecho de tener una imaginación en pleno desarrollo. Sin
embargo algunos niños no imaginan, sino que, suelen tener razón en lo que dicen.
-¡es una mujer! Está usando un traje blanco y me mira mama!-
le dije una vez a mi madre, recuerdo que tenía ocho. Yo estaba sentada en la
sala principal mirando las caricaturas de la tarde. Mi casa era callada la
mayoría de los días, no teníamos muchas visitas, pero para mí, el silencio solo
se hacía presente a la hora de ir a la cama, ya que en el día a día muchas
conversaciones que no tenían lugar llegaban a mí. Eran voces casi susurrando a
mi oído, y en ocasiones como ese día, podía ver quien intentaba decirme algo,
mas no sabía por qué solo lo hacía conmigo y no con los demás.
-¡hay no hay nada, deja de ver tanta televisión!- era la
misma repuesta en todas las ocasiones en las que los miraba o escuchaba… ¿era
tan solo mi imaginación?
Pocos años después fue convirtiéndose en mi secreto. Yo era
la confidente de entes que ya no estaban aquí. Los escuchaba y observaba sin
saber si ellos a mi podían verme o escucharme. Podía hacer tantas cosas…veía auroras
de colores danzantes por encima de la cabezas de las personas, todos con
distintos colores. No sabía si era normal el hecho de ver ello en las personas,
pero por evitar un episodio al psicólogo fue una de las cosas que jamás conté, y
una de las tantas que calle en el transcurso de mi niñez. No sabía porque solo
yo podía hacer eso, y nunca intente averiguarlo porque me sentía cómoda
teniéndolos a ellos. Sin embargo, cuando tenía doce, esa curiosidad empezó a
emerger, y yo debía saber que era lo que me pasaba…o si era un estado de locura
temporal o algún síndrome en mi desarrollo cognitivo; todo es posible en esta
vida, todo…
Niños iban y venían en el recreo. Yo los veía desde el balcón
de la biblioteca que daba con el patio de la escuela. A diferencia de mis
compañeros, yo prefería pasar mis recesos envuelta en libros en vez de tediosas
conversaciones con pre-adolescentes. Yo no estaba sola, Lutiem era mi única
amiga cuando era niña. Ella era de las personas que se maravillaban con el
sonido de una puerta que se habría sola, o con historias de fantasmas que solo
divagaban en un final erróneo, pero que para ella no dejaba de ser fascinante.
-¿te imaginas que el fantasma del coro nos aparezca en una
de estas fugas a la biblioteca?- íbamos ambas subiendo las escaleras hacia la
biblioteca. Los alumnos solo tienen permitido ir si es su hora de estudio, por
ello tomábamos la más minina oportunidad antes de sonar el timbre para
escabullirnos.
- no lo creo lut, son solo historias. Así se contaba
respecto a las niñas fantasma y jamás hemos visto nada. Es una escuela, siempre
habrán fantasmas imaginarios – reímos de ello.
Lutiem, diez minutos
antes de culminar el receso y bajar rápidamente, tenía la costumbre de colocar
su celular en una esquina determinada del solitario pasillo hacia la biblioteca
y grabar cualquier sonido en busca de algo fantasmal o escalofriante, cosa que
a mí siempre me causo mucha gracia, pero no dejaba de compartir eso con ella
por mera diversión. En el tercer piso de la escuela no había más que dos aulas.
Al final del pasillo la biblioteca, y cerca de las escaleras una abandonada
conocida como el salón del coro. Cuenta la leyenda, que un grupo de niños
murieron allí quemados por un incendio provocado por una vela en uno de sus
ensayos, y que esa última canción podía escucharse cantada por ellos mismos
desde el acontecimiento…claro que, en una escuela, historias como esa vienen y
van, y puedo asegurar que jamás vi más allí que solo papeles viejos y cajas
llenas de basura.
-si sigues dejando el celular allí cuando vuelvas no
encontraras nada, y no será precisamente obra de un fantasma- le dije.
-vamos…¿quién querría un celular que solo graba sonidos y la
única cualidad que tiene es una triste linterna lateral?- rió –dejémosla y acompáñame,
debo contarte algo-
Lutiem y yo nos sentamos al final del pasillo, pasando cerca
de la biblioteca. Estábamos muy lejos del celular para evitar provocar algún ruido
que no sea el de un “fantasma”.
- ¿recuerdas que te comente que investigaría nuestros
nombres en otro idioma? Es una tontería pero me resulto tan divertido que no
pude evitarlo!- ella saco un papel de su mochila.
-el mío es Oria Badlonie, ¿ no es hermoso?¡ creo que es de
origen turco-
- es, es lindo- reí. Seguido de esto leyó el mío
-¿verdad que si? Espera a que oigas el tuyo, es mucho más
bonito. Alatariel Ofdortonium-
Mi reacción solo fue decir que era hermoso y sonreír, lo vi
como una simple tontería. Pero jamás imagine que ese nombre, tendría tanto sentido unos
años más adelante.
-¿Dónde encontraste eso?-
- sabes que me encanta buscar cosas raras. Anoche me entro
una gran curiosidad por todo aquello de los fantasmas, ya sabes, gente que ve a
los muertos y esas cosas (…)-
Mi atención se centró en esas palabras.
-¿gente que ve a los muertos?-
-sí, es escalofriante. Se llaman médium, son humanos con
habilidades especiales- ella hizo un gesto con la manos –¡no hablo de volar o
tener visión láser!- bromeo –sino ver y
comunicarse con los muertos. ¿Te imaginas que en la escuela hubiese alguien así?
¡No me imagino todo lo que vería aquí arrida¡-
Casi no preste atención a la última parte, mi mente se enfocó
en esa palabra...médium.
Cuando llegue a casa ese día entre en internet y busque todo
lo que pude respecto a ello. Sentía que miles de personas sabían quién era yo. Cada
palabra, cada detalle, cada habilidad yo la tenía, y no sabía lo que
significaba hasta ese día.
Aprendí a controlar mis emociones sin confundirlas con las
que recibía de los demás. Aprendí que esas auroras tenían nombres, eran auras
que reflejaban el interior de la gente. Aprendí también, que todo lo que veía y
escuchaba no era razón para sentir miedo. Y más importante aún, aprendí que
todo ello, era parte de mí, y lo seguiría siendo para siempre..
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