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Y la realidad se hace sueño…es lo que podría pensar luego de todo lo que he vivido estos últimos años, como todas las cosas, criaturas, circunstancias, situaciones que solo se ven en un buen libro de literatura fantástica, se hayan añadido poco a poco a mi vida, dejándome a mí, como protagonista de una historia que no podría ser posible de creer para un humano cualquiera…me llamo Emily, y este es mi diario de vida...

martes, 25 de febrero de 2014

La Médium

Primera Parte

Los niños suelen ser ignorados por muchas cosas que suelen decir, por el simple hecho de tener una imaginación en pleno desarrollo. Sin embargo algunos niños no imaginan, sino que, suelen tener razón en lo que dicen.

-¡es una mujer! Está usando un traje blanco y me mira mama!- le dije una vez a mi madre, recuerdo que tenía ocho. Yo estaba sentada en la sala principal mirando las caricaturas de la tarde. Mi casa era callada la mayoría de los días, no teníamos muchas visitas, pero para mí, el silencio solo se hacía presente a la hora de ir a la cama, ya que en el día a día muchas conversaciones que no tenían lugar llegaban a mí. Eran voces casi susurrando a mi oído, y en ocasiones como ese día, podía ver quien intentaba decirme algo, mas no sabía por qué solo lo hacía conmigo y no con los demás.

-¡hay no hay nada, deja de ver tanta televisión!- era la misma repuesta en todas las ocasiones en las que los miraba o escuchaba… ¿era tan solo mi imaginación?

Pocos años después fue convirtiéndose en mi secreto. Yo era la confidente de entes que ya no estaban aquí. Los escuchaba y observaba sin saber si ellos a mi podían verme o escucharme. Podía hacer tantas cosas…veía auroras de colores danzantes por encima de la cabezas de las personas, todos con distintos colores. No sabía si era normal el hecho de ver ello en las personas, pero por evitar un episodio al psicólogo fue una de las cosas que jamás conté, y una de las tantas que calle en el transcurso de mi niñez. No sabía porque solo yo podía hacer eso, y nunca intente averiguarlo porque me sentía cómoda teniéndolos a ellos. Sin embargo, cuando tenía doce, esa curiosidad empezó a emerger, y yo debía saber que era lo que me pasaba…o si era un estado de locura temporal o algún síndrome en mi desarrollo cognitivo; todo es posible en esta vida, todo…

Niños iban y venían en el recreo. Yo los veía desde el balcón de la biblioteca que daba con el patio de la escuela. A diferencia de mis compañeros, yo prefería pasar mis recesos envuelta en libros en vez de tediosas conversaciones con pre-adolescentes. Yo no estaba sola, Lutiem era mi única amiga cuando era niña. Ella era de las personas que se maravillaban con el sonido de una puerta que se habría sola, o con historias de fantasmas que solo divagaban en un final erróneo, pero que para ella no dejaba de ser fascinante.

-¿te imaginas que el fantasma del coro nos aparezca en una de estas fugas a la biblioteca?- íbamos ambas subiendo las escaleras hacia la biblioteca. Los alumnos solo tienen permitido ir si es su hora de estudio, por ello tomábamos la más minina oportunidad antes de sonar el timbre para escabullirnos.

- no lo creo lut, son solo historias. Así se contaba respecto a las niñas fantasma y jamás hemos visto nada. Es una escuela, siempre habrán fantasmas imaginarios – reímos de ello.

 Lutiem, diez minutos antes de culminar el receso y bajar rápidamente, tenía la costumbre de colocar su celular en una esquina determinada del solitario pasillo hacia la biblioteca y grabar cualquier sonido en busca de algo fantasmal o escalofriante, cosa que a mí siempre me causo mucha gracia, pero no dejaba de compartir eso con ella por mera diversión. En el tercer piso de la escuela no había más que dos aulas. Al final del pasillo la biblioteca, y cerca de las escaleras una abandonada conocida como el salón del coro. Cuenta la leyenda, que un grupo de niños murieron allí quemados por un incendio provocado por una vela en uno de sus ensayos, y que esa última canción podía escucharse cantada por ellos mismos desde el acontecimiento…claro que, en una escuela, historias como esa vienen y van, y puedo asegurar que jamás vi más allí que solo papeles viejos y cajas llenas de basura.

-si sigues dejando el celular allí cuando vuelvas no encontraras nada, y no será precisamente obra de un fantasma-  le dije.

-vamos…¿quién querría un celular que solo graba sonidos y la única cualidad que tiene es una triste linterna lateral?- rió –dejémosla y acompáñame, debo contarte algo-

Lutiem y yo nos sentamos al final del pasillo, pasando cerca de la biblioteca. Estábamos muy lejos del celular para evitar provocar algún ruido que no sea el de un “fantasma”.

- ¿recuerdas que te comente que investigaría nuestros nombres en otro idioma? Es una tontería pero me resulto tan divertido que no pude evitarlo!- ella saco un papel de su mochila.

-el mío es Oria Badlonie, ¿ no es hermoso?¡ creo que es de origen turco-

- es, es lindo- reí. Seguido de esto leyó el mío

-¿verdad que si? Espera a que oigas el tuyo, es mucho más bonito. Alatariel Ofdortonium-

Mi reacción solo fue decir que era hermoso y sonreír, lo vi como una simple tontería. Pero jamás imagine  que ese nombre, tendría tanto sentido unos años más adelante.

-¿Dónde encontraste eso?-

- sabes que me encanta buscar cosas raras. Anoche me entro una gran curiosidad por todo aquello de los fantasmas, ya sabes, gente que ve a los muertos y esas cosas (…)-

Mi atención se centró en esas palabras.

-¿gente que ve a los muertos?-

-sí, es escalofriante. Se llaman médium, son humanos con habilidades especiales- ella hizo un gesto con la manos –¡no hablo de volar o tener visión láser!- bromeo  –sino ver y comunicarse con los muertos. ¿Te imaginas que en la escuela hubiese alguien así? ¡No me imagino todo lo que vería aquí arrida¡-

Casi no preste atención a la última parte, mi mente se enfocó en esa palabra...médium.

Cuando llegue a casa ese día entre en internet y busque todo lo que pude respecto a ello. Sentía que miles de personas sabían quién era yo. Cada palabra, cada detalle, cada habilidad yo la tenía, y no sabía lo que significaba hasta ese día.

Aprendí a controlar mis emociones sin confundirlas con las que recibía de los demás. Aprendí que esas auroras tenían nombres, eran auras que reflejaban el interior de la gente. Aprendí también, que todo lo que veía y escuchaba no era razón para sentir miedo. Y más importante aún, aprendí que todo ello, era parte de mí, y lo seguiría siendo para siempre..